En la visión wotüja, el mundo está poblado de espíritus y seres invisibles con los que es necesario convivir en equilibrio. Su nombre autóctono, wotüja, significa “gente de conocimiento” o “gente de la selva” y alude a un linaje humano inserto en un sistema relacional entre territorio, personas, espíritus y entidades de la selva. No hay separación tajante entre lo material y lo espiritual, ya que cada elemento del mundo tiene su contrapartida. Cuerpo y espíritu están unidos; un mal físico suele indicar un desajuste espiritual, y sanar implica atender ambos planos. No existe oposición absoluta entre materia y espíritu, aunque sí roles distintos.
Los chamanes enseñan que la salud y la prosperidad dependen de respetar el orden natural y cósmico. Divulgar un secreto, maltratar a un animal protector o faltar a obligaciones rituales quiebra la armonía y puede atraer enfermedad o desgracia.
Por eso gran parte de la vida espiritual piaroa se orienta a preservar la armonía con el entorno a través de los rituales de sanación, los cantos sagrados, las danzas de máscara o las restricciones dietéticas en ciertos periodos son medios se restaura el orden justo entre individuo, comunidad y cosmos.
El chamán actúa como puente entre estos niveles, viajando en visiones para buscar consejo o apaciguar a los espíritus.
Esta espiritualidad no se reduce a adorar dioses lejanos, por el contrario, se vive en valores cotidianos como la humildad, la generosidad, la fortaleza, la serenidad y el respeto por toda forma de vida. Los espíritus de la naturaleza recompensan o corrigen según el comportamiento humano, lo que fundamenta una ética ambiental profunda.
Para los wotüja de Alto Carinagua, Puruna es el Dios creador, origen del mundo y del orden. En este planeta, lo acompaña una tríada conformada por Buo’ka (el venado), Wäjäri (semidiós) y Chejeru, diosa de las medicinas y de los cantos. El Caballo y el Dragón son los dos abuelos de esta Tierra, abren caminos y sostienen la creación. Chejeru entregó a cada pueblo las medicinas —ñua (yopo), tuipa (Banisteriopsis caapi), dädä, tabaco—, mientras Wäjäri les enseñó el arte del chamanismo a los primeros meñërua.
En la ceremonia de ñua nos entregamos a la energía de la diosa Chejeru, y el maestro propicia y sostiene ese encuentro para alinear a la persona con su entorno y su territorio.
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